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Kurozumi Kanjuro

Samurái que da vida a sus dibujos.

Habilidades

La Fude Fude no Mi: la pintura que cobra vida

Kurozumi Kanjuro es el usuario de la Fude Fude no Mi, una fruta del diablo de tipo Paramecia que le permite generar tinta de su propio cuerpo y transformar los dibujos hechos con ella en objetos tridimensionales con vida propia. Fude significa "pincel" en japonés, y la fruta se mostró por primera vez en el capítulo 754, aunque no se nombró hasta el 974, el capítulo en el que Kanjuro reveló su verdadera naturaleza.

El poder es extraordinariamente versátil. Kanjuro puede crear animales que se comportan como seres reales —y controlarlos a distancia, hablando a través de ellos y compartiendo sus sentidos—, armas tan eficaces como las auténticas, comida comestible (aunque de sabor horrible) y copias perfectas de personas, incluidas sus voces, siempre que conozca su aspecto. También puede hacer el proceso inverso y convertir su propio cuerpo en un dibujo bidimensional para esconderse, y si no dispone de pincel puede canalizar la tinta a través de su cabello.

Las limitaciones son igual de importantes. La calidad de las creaciones depende por completo de la habilidad artística del usuario: los dibujos chapuceros se mueven con dificultad y se agotan enseguida, mientras que los buenos son indistinguibles de la realidad. El agua abundante disuelve las figuras, y controlar a distancia consume energía. Además, como no sangran ni tienen órganos, los clones pueden descubrirse cortándolos, aunque eso también los hace más difíciles de matar.

Técnicas

  • Ideyo ("Aparece"): la técnica básica; el dibujo se despega del papel y se convierte en un objeto real.
  • Nuke Suzume ("Gorrión fugitivo"): dibuja un gorrión gigante para escapar de un espacio cerrado. En Dressrosa, al estar mal dibujado, apenas podía volar.
  • Nobori Ryu ("Dragón ascendente"): crea un dragón que no vuela pero trepa por superficies verticales; así subió con sus compañeros por una de las patas de Zunesha.
  • Sumigumo ("Nubes de tinta"): arrancándose mechones de pelo, Kanjuro dispara una densa nube de tinta, imitando a un pulpo.
  • Ukiyo Yudachi Ezu ("Pintura de la lluvia vespertina del mundo flotante"): desde la nube libera una lluvia de gotas endurecidas, las "flechas de tinta", capaces de atravesar madera y carne.
  • Creaciones con nombre propio: Ryunosuke, el dragón mal dibujado que subió a Zou; Nekozaemon, un gato gigantesco de patas ridículamente cortas; Torasaburo, un tigre rechoncho; y Kazenbo, la criatura de fuego que creó al morir.

La actuación como arma

El mayor poder de Kanjuro no es la tinta, sino su capacidad interpretativa. Durante veinte años fingió ser un artista terrible: dibujaba monstruos deformes que apenas se sostenían, y todos —incluidos sus compañeros Vainas y los lectores— lo tomaron por un torpe entrañable. En realidad era un dibujante de talento extraordinario, capaz de crear un clon perfecto de sí mismo sin que nadie notara la diferencia, o una figura de Kozuki Oden tan convincente que los Nueve Vainas se quedaron paralizados al verla.

Esa mezcla de pintura y mentira le permitió librar una guerra psicológica devastadora: usó la imagen de su señor muerto para atormentar a sus antiguos compañeros y se disfrazó del propio Oden para secuestrar a Momonosuke. Su habilidad con el pincel gigante que porta a la espalda como arma principal completa un perfil de combatiente engañoso y tramposo, mucho más peligroso por lo que insinúa que por lo que golpea.

Esgrima, Haki y limitaciones

Como samurái de Kuri formado en la escuela de los Kozuki, Kanjuro maneja la espada con soltura y recibió la instrucción marcial propia de un retainer de Oden, aunque nunca destacó entre los Vainas por su fuerza bruta. Su Haki es funcional pero no excepcional: no figura entre los que emplean el Ryūō para herir a Kaido, y su papel en la batalla se apoya siempre en el engaño, la emboscada y la huida. Es, en definitiva, el tipo de enemigo que no gana los duelos, sino que los evita.

El último acto: Kazenbo

Herido de muerte por Kin'emon, Kanjuro recibió la llamada de su pariente Kurozumi Orochi, que le pidió un último "bis" para la obra de la familia Kurozumi. Con sus últimas fuerzas, el pintor dio forma a Kazenbo, un espectro envuelto en llamas que representa el "rencor ardiente" del clan. La criatura era intangible, atravesaba muros y podía adoptar cualquier forma; su misión era llegar a la armería del sótano de Onigashima y hacer estallar los explosivos, destruyendo la isla entera. Con la creación de Kazenbo, Kanjuro murió y la Fude Fude no Mi volvió a circular por el mundo, cerrando el ciclo de su poder.

Historia

Origen: la familia Kurozumi

Kanjuro nació en Wano hace cincuenta y cuatro años, en el seno de la familia Kurozumi, un clan perseguido y humillado por el intento fallido de su abuelo de arrebatar el shogunato a los Kozuki. La persecución fue tan brutal que sus padres murieron cuando él era un niño, y el pequeño Kanjuro quedó solo, marcado por el odio heredado de todo un linaje.

Fue entonces cuando apareció Kurozumi Orochi. Sus parientes —Kurozumi Higurashi y Kurozumi Semimaru, dos ancianos que llevaban décadas conspirando— le entregaron la Fude Fude no Mi y le encargaron una misión: infiltrarse en la familia Kozuki, ganarse la confianza de Oden y convertirse en los ojos y oídos de Orochi dentro de la casa de su enemigo. Kanjuro aceptó sin dudar.

Infiltración en la familia Kozuki

Kanjuro se presentó en Kuri como un samurái más, un hombre afable y algo torpe al que le gustaba dibujar. Poco a poco se ganó el afecto de Oden y de los demás Vainas, que lo aceptaron como uno de los suyos, y llegó a formar parte del grupo de los Nueve Vainas Rojas. Nadie sospechó nunca de él: era el compañero que hacía reír, el que dibujaba mal y el que siempre estaba dispuesto a ayudar.

Mientras fingía lealtad, Kanjuro informaba puntualmente a Orochi. Gracias a él, el shogun supo de los planes de Oden, pudo anticipar sus movimientos y pudo tender la trampa de los rehenes que llevó al baile desnudo de cinco años y, finalmente, a la ejecución del señor de Kuri. Kanjuro no solo traicionó a su señor: fue la herramienta que hizo posible su caída, y vivió veinte años con esa máscara puesta sin que se le quebrara una sola vez.

El salto temporal

Cuando Oden fue ejecutado, varios de sus retainers huyeron o fueron capturados. Kanjuro fue uno de los cinco que viajaron veinte años al futuro gracias a la Toki Toki no Mi de Kozuki Toki. En el futuro siguió interpretando su papel con una frialdad asombrosa: ayudó a Momonosuke y a Kin'emon en Dressrosa, participó en el ascenso a Zou con sus criaturas mal dibujadas —que dieron a los Sombrero de Paja algunos de sus mejores momentos cómicos— y llegó a Wano como un aliado más de la causa Kozuki.

Todo era mentira. En Zou no solo ayudó: entregó información a las Piratas de las Bestias, lo que provocó el ataque de Jack y la masacre del Ducado de Mokomo. Sus dibujos torpes eran un disfraz; su lealtad, otra mentira.

La traición

La revelación llegó en el capítulo 974, uno de los giros más celebrados del arco de Wano. Cuando la alianza se disponía a partir hacia Onigashima, Kanjuro mostró su verdadera cara: era un miembro de la familia Kurozumi, el espía que durante veinte años había filtrado cada plan de los Kozuki, y el responsable de que la rebelión de Oden fracasara. Antes de huir, desplegó la Ukiyo Yudachi Ezu sobre la flota aliada, hiriendo a decenas de compañeros con su lluvia de flechas de tinta, y secuestró a Momonosuke para entregárselo a Orochi.

A los Vainas no les costó aceptar la traición: lo que nunca pudieron perdonar fue el engaño. Kanjuro había sido su hermano durante veinte años, había llorado con ellos y había compartido sus sueños, y todo había sido una actuación.

Onigashima: la obra final

En Onigashima, Kanjuro continuó su particular función teatral. Envió con los Vainas un clon perfecto de sí mismo, que solo fue descubierto cuando Kin'emon lo decapitó y el cuerpo se reveló como lo que era: un dibujo sin sangre. Más tarde, cuando los Nueve Vainas subían hacia la cúpula, hizo aparecer una pintura de Kozuki Oden tan lograda que sus antiguos compañeros se quedaron sin aliento; el truco fue una de las mayores crueldades psicológicas del arco y dejó a los Vainas profundamente heridos. También llegó a disfrazarse del propio Oden para moverse por el castillo y llevarse a Momonosuke.

Su historia terminó en un enfrentamiento final con sus antiguos hermanos, en el que Kin'emon le causó heridas letales. Moribundo, Kanjuro recibió la llamada de Orochi, que le pidió un último acto para la familia Kurozumi, y el pintor respondió creando Kazenbo: un espectro de fuego, representación del rencor acumulado del clan, con la misión de alcanzar la armería de Onigashima y hacer volar la isla.

Kazenbo recorrió la fortaleza incendiándolo todo, atravesó las paredes y calcinó a dos agentes del CP0 que perseguían a Nico Robin, salvándola sin querer. Yamato llegó a la armería a tiempo de congelar los explosivos con sus poderes de hielo y golpearlo con su kanabo, pero la criatura consiguió escapar convertida en una brasa. Subió entonces hasta la tesorería, donde estaba Orochi, y cuando el shogun le ordenó quemar a Hiyori, Kazenbo prendió fuego a Orochi. La última creación de Kanjuro mató a su propio señor, y con ella se cerró la historia de la familia Kurozumi: un rencor que, como todos, acabó devorando a quien lo alimentaba.

El espejo de Denjiro

La figura de Kanjuro solo se entiende en contraste con Denjiro. Los dos fueron retainers que pasaron veinte años fingiendo ante los mismos hombres: Denjiro ocultó su lealtad a los Kozuki bajo la máscara de un yakuza, y Kanjuro ocultó su lealtad a los Kurozumi bajo la máscara de un samurái torpe y bonachón. Ambos compartieron mesa, batallas y lágrimas con sus compañeros; ambos llegaron a quererlos, seguramente, aunque uno de ellos nunca lo admitiera.

La diferencia es la dirección de su rencor. Denjiro convirtió su dolor por la muerte de Oden en veinte años de servicio clandestino; Kanjuro convirtió el dolor de una familia masacrada en una venganza que no distinguía entre culpables e inocentes. Wano no absuelve a Kanjuro, pero sí explica cómo un niño perseguido puede convertirse en el instrumento de la destrucción de otros.

El actor y la mentira como forma de vida

Hay un detalle que resume su personaje mejor que cualquier discurso: Kanjuro era un artista extraordinario que se pasó dos décadas dibujando monstruos deformes para que nadie sospechara de él. Sacrificó su orgullo de pintor, su nombre y su lugar en el mundo con tal de cumplir el encargo de Orochi. Cuando por fin pudo dibujar bien, lo hizo para matar: la lluvia de flechas de tinta sobre la flota aliada, la figura falsa de Oden y, finalmente, el Kazenbo.

Sus creaciones más famosas antes de la traición —Ryunosuke, el dragón que subió a Zou, Nekozaemon y Torasaburo— quedaron como recuerdos cómicos de un hombre que en realidad era otra cosa. Los nombres de esos tres dibujos terminan, respectivamente, igual que los de Momonosuke, Kin'emon y el propio Kanjuro: un chiste que, visto con retrospectiva, era una firma.

El legado del rencor

Kanjuro murió de las heridas que le causó Kin'emon, pero no sin antes dejar en el mundo una última obra: Kazenbo, el espectro de fuego que representaba el "odio ardiente" de los Kurozumi. La criatura recorrió Onigashima incendiándolo todo, calcinó a dos agentes del CP0 y acabó prendiendo fuego a su propio señor, Orochi, cuando este le ordenó matar a Hiyori.

Con su muerte, la Fude Fude no Mi volvió a circular por el mundo, y con ella la posibilidad de que otro usuario —quién sabe si con mejores intenciones— herede el poder de dar vida a lo dibujado. Es el final más coherente para un personaje cuya vida entera fue una representación: su último acto no fue un dibujo, fue un incendio, y su última función se la dedicó a la familia que lo había convertido en espía cuando aún era un niño.

Curiosidades y SBS

  • Su fruta, la Fude Fude no Mi, es una Paramecia que permite dar vida a los dibujos; fue la fruta que más tiempo pasó entre su primera aparición y su nombre, más de un año y tres meses.
  • Fingió durante veinte años ser un dibujante horrible; sus criaturas deformes (Ryunosuke, Nekozaemon, Torasaburo) fueron un disfraz para ocultar su verdadero talento.
  • Era miembro de la familia Kurozumi, el clan perseguido al que también pertenecía Orochi, y le entregaron la fruta cuando era un niño.
  • Sus tres criaturas de Zou llevan en su nombre el final del de un Vaina: Ryunosuke (Momonosuke), Nekozaemon (Kinemon) y Torasaburo (Kanjuro).
  • Fue el espía que provocó la caída de Oden y el ataque de Jack a Zou, y se reveló en el capítulo 974.
  • El Kazenbo que creó al morir está inspirado en un yokai japonés, el monje envuelto en llamas, y su nombre significa "monje ante el fuego".
  • Fue actor de teatro antes de convertirse en samurái, un detalle que encaja con una vida entera dedicada a la interpretación.
  • Su apodo es "Kanjuro la Lluvia Vespertina" (Yūdachi) y también se lo conocía como el "Fantasma de Kibi".
  • Nació el 21 de julio, mide 347 centímetros y en el momento de su muerte tenía 34 años (había nacido 54 años antes de la historia).
  • Murió por las heridas causadas por Kin'emon, y con su muerte la Fude Fude no Mi regresó al ciclo de frutas del diablo.

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