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Kozuki Oden

Daimyo de Kuri y legendario samurái de Wano.

Habilidades

Un samurái sin fruta del diablo

Kozuki Oden no necesitó nunca una fruta del diablo. Su poder era enteramente físico, marcial y espiritual: el de un hombre de casi cuatro metros de altura, criado en la tradición de los samuráis de Wano, que podía levantar pesos imposibles, nadar durante días en mar abierto, partir montañas y enfrentarse cara a cara a los piratas más fuertes de su era. Fue considerado el samurái más poderoso de Wano y uno de los pocos hombres de su tiempo capaz de mirar a los ojos a Whitebeard y a Gol D. Roger sin retroceder.

Su cuerpo era su primera arma. Oden sobrevivió a naufragios, a heridas mortales y a situaciones en las que cualquier otro habría muerto, y su fuerza bruta le permitía arrastrar cadenas de ancla, sostener sobre sus hombros el peso de varios hombres y lanzar por los aires a enemigos del tamaño de un gigante. Antes de cumplir los diez años ya había matado animales salvajes enormes y había destrozado locales enteros en peleas callejeras.

Las dos espadas: Enma y Ame no Habakiri

El estilo de combate de Oden es el de la esgrima de dos espadas, un arte que dominaba hasta el punto de haberlo convertido en su seña de identidad. Sus armas eran Enma y Ame no Habakiri, dos katanas de grado excepcional forjadas en Wano por el legendario herrero Shimotsuki Kozaburo, el mismo artesano al que se atribuye la Wado Ichimonji que heredaría Roronoa Zoro.

  • Enma: la espada más temida de las dos, capaz de absorber de forma voraz el Haki de quien la empuña. Enma obliga a su portador a dar todo su poder en cada corte y le chupa la energía hasta dejarlo seco si no tiene suficiente voluntad; con ella, Oden fue el único hombre capaz de herir de gravedad a Kaido durante veinte años. Enma fue la espada que Oden dejó a su hija Hiyori y que esta entregaría después a Zoro.
  • Ame no Habakiri: la otra gran katana de Oden, igualmente de grado excelso, fue la que dejó en herencia a su hijo Momonosuke y la que el niño llegaría a blandir durante la batalla de Onigashima.

Ambas espadas son parte del legado espiritual de los Kozuki y funcionan como símbolo del nivel de su antiguo dueño: solo un espadachín excepcional puede empuñarlas sin que le devoren la fuerza.

Haki y la técnica de corte

Oden dominaba el Haki a un nivel que en Wano recibe el nombre de Ryuo, el flujo de la energía interior que permite endurecer el cuerpo y la hoja y, sobre todo, cortar lo que no debería poder cortarse. Su técnica de corte era lo bastante avanzada como para atravesar la piel de un dragón: cuando golpeó a Kaido, le dejó una cicatriz profunda en el costado, una marca que el emperador conservó durante dos décadas y que solo volvería a abrirse con la espada de Zoro en la azotea de Onigashima.

También poseía una capacidad de observación extraordinaria, la Kenbunshoku no Haki, que le permitía leer el combate y anticipar movimientos, y su fama como espadachín se basaba tanto en su fuerza bruta como en su técnica: podía atravesar armaduras, rebanar montañas y partir al medio a criaturas gigantescas con un solo tajo. Su grito de batalla, el nombre de sus espadas y su manera de atacar con las dos hojas cruzadas se convirtieron en referencia para todos los samuráis de su generación.

Hazañas y resistencia

Las hazañas físicas de Oden son legendarias incluso entre los monstruos del Nuevo Mundo. Cuando conoció a Whitebeard, se agarró a la cadena del ancla de su barco y resistió arrastrado por el mar durante días, sin soltarse, hasta que el capitán aceptó llevarlo consigo. Durante sus años de viaje se enfrentó a Kaido, a los hombres de Roger y a criaturas marinas colosales, y en su juventud había conquistado por la fuerza la región sin ley de Kuri, territorio infestado de bandidos y monstruos.

Su resistencia alcanzó su punto máximo en la ejecución: Oden aguantó una hora entera sumergido en aceite hirviendo mientras sostenía por encima de la superficie el tablón con sus nueve vasallos, sin soltarlos ni una sola vez. Ninguna otra hazaña de la serie mide mejor su voluntad: ni siquiera el dolor de la cocción a fuego vivo consiguió que abandonara a sus hombres.

Evolución de su poder

Oden no evoluciona a lo largo de la serie, porque su historia se cuenta en flashback y se cierra con su muerte: ya en su primera aparición es el samurái más fuerte de Wano. Lo que sí se documenta es su crecimiento antes del presente narrativo: el niño salvaje que arrasaba tabernas se convirtió en el daimyo de Kuri, después en el pirata que navegó con Whitebeard y con Roger y, finalmente, en el hombre capaz de hacer frente a un Yonkou en su propio terreno.

Su poder quedó inmortalizado en dos objetos: las cicatrices que dejó en Kaido y las dos espadas que sus hijos heredaron. Cuando Zoro empuña Enma y logra dominarla, lo que está demostrando es que ha alcanzado una fracción del nivel de Oden, y ese es el mejor resumen de la escala en la que se movía el samurái de Wano: su fuerza sigue siendo, veinte años después de su muerte, la vara con la que se mide a los espadachines del mundo.

Historia

Nacimiento y juventud salvaje

Kozuki Oden nació en Wano como hijo del shogun Kozuki Sukiyaki, heredero de la casa que durante siglos había custodiado los Poneglyphs y la memoria del país. Su infancia fue todo lo contrario de lo que se esperaba de un príncipe: desde el primer día de vida dio muestras de una fuerza descomunal y de un carácter imposible de domesticar, y su biografía juvenil se convirtió en una lista de escándalos que los cronistas de Wano recitaban con vergüenza.

A los pocos meses ya había lanzado por los aires a su nodriza; a los dos años cazaba conejos con las manos desnudas; a los cuatro aplastó a un oso gigantesco con una roca; a los seis empezó a gastar dinero en los barrios de placer y a apostar; a los ocho bebía alcohol; y a los nueve, tras enfadarse con un jefe de la mafia local, destruyó su casa de apuestas entera. En cada incidente dejaba un rastro de destrucción y de acreedores, y su padre, incapaz de controlarlo, se limitaba a reparar los daños y a pedir disculpas.

Su fuerza física era tan absurda que la gente de la capital empezó a considerarlo no un príncipe, sino una catástrofe natural. Antes de cumplir la mayoría de edad ya había desviado el cauce de un río para provocar una inundación, había arrasado barrios enteros en peleas y se había ganado fama de salvaje irredento, todo ello sin que nadie pudiera hacerle frente.

El harem de Kuri y la vergüenza de la capital

El episodio que colmó la paciencia de su padre fue el llamado incidente del harén. Oden secuestró a un buen número de mujeres de la capital y las llevó a las montañas para formar su propio harén, lo que provocó una revuelta popular y la intervención de los samuráis del shogun. Incapaz de contenerlo, Sukiyaki lo desheredó y lo expulsó de la capital, condenándolo a buscar su propio destino en las tierras salvajes.

Oden se marchó a Kuri, la región más peligrosa de Wano, un territorio sin ley dominado por bandidos y por un monstruo gigantesco que asolaba las aldeas. Allí hizo lo que nadie había hecho antes: derrotó a los criminales uno por uno, sometió a la bestia y pacificó la comarca, y aquella demostración de fuerza le valió el título de daimyo de Kuri. El príncipe salvaje se había convertido, por la vía de la violencia, en señor de la provincia más indómita del país.

En Kuri reunió a sus primeros vasallos, un grupo heterogéneo de ronin, ladrones arrepentidos y guerreros descastados que con el tiempo se convertirían en los Nueve Vainas Rojas: Kin'emon, Denjiro, Kanjuro, Raizo, Kikunojo, Ashura Doji, Kawamatsu, Inuarashi y Nekomamushi, además de Izo, hermano mayor de Kikunojo. Con ellos transformó Kuri en un territorio próspero y en el embrión de la familia que lo acompañaría hasta la muerte.

El encuentro con Whitebeard y el viaje por el mar

La vida de Oden cambió cuando Whitebeard y su tripulación llegaron a las costas de Wano. El samurái, que llevaba años soñando con salir del país y ver el mundo, se lanzó al agua, se agarró a la cadena del ancla del barco y se dejó arrastrar por el océano sin soltarse. Resistió así durante días, hasta que el propio Edward Newgate aceptó que aquel hombre era demasiado obstinado para dejarlo morir y le permitió subir a bordo.

A bordo del Moby Dick, Oden se convirtió en uno de los miembros más respetados de la tripulación de Whitebeard. Allí conoció a Kozuki Toki, una mujer que había viajado desde el Siglo Vacío gracias al poder de la Toki Toki no Mi, la fruta que permite desplazarse únicamente hacia el futuro, y que era perseguida por quienes querían apoderarse de su conocimiento. Oden la protegió, se enamoró de ella y se casó, y de esa unión nacerían Momonosuke y Hiyori.

En esos años también se cruzó con Inuarashi y Nekomamushi, los dos minks que se habían embarcado por error en busca de aventuras y que acabarían formando parte de sus vasallos. Oden navegó con Whitebeard, combatió a su lado y se ganó un nombre en el mar, pero su destino estaba a punto de cruzarse con el de un hombre aún más grande.

Con Roger y el descubrimiento del One Piece

Cuando Gol D. Roger conoció a Oden, supo de inmediato que lo necesitaba. El rey de los piratas había llegado al final de su viaje y descubierto que las inscripciones de los Poneglyphs le resultaban indescifrables: solo un miembro del clan Kozuki podía leer la lengua antigua. Roger pidió a Whitebeard que le cediera a Oden y, aunque la discusión entre ambos capitanes fue monumental, el samurái se embarcó en el Oro Jackson junto a su familia.

Con Roger, Oden vivió la última y más importante etapa de su vida. Leyó los Poneglyphs repartidos por el mundo, guio a la tripulación hasta Skypiea, Water 7, Fishman Island y Zou, y grabó en nombre de Roger el mensaje que el rey de los piratas dejó inscrito en una de las piedras. En Zou conoció a la tribu mink y selló con ellos un vínculo que veinte años después sería decisivo para la liberación de Wano.

El viaje culminó en Laugh Tale, la isla final, donde Roger y su tripulación descubrieron la verdad del Siglo Vacío, la existencia del One Piece y el sentido de la voluntad heredada de Joy Boy. Oden comprendió entonces algo que marcaría su muerte: que el mundo esperaba a alguien que llegaría veinte años más tarde para completar lo que Roger no había podido hacer. Él mismo escribiría esa profecía en los Poneglyphs de Wano.

El regreso a Wano y el shogunato de Orochi

Terminado el viaje de Roger, Oden regresó a su país con la intención de abrir sus fronteras y de prepararlo para la guerra que se avecinaba. Lo que encontró fue una tragedia: su padre había sido asesinado y el poder había pasado a manos de Kurozumi Orochi, un hombre de la familia rival que había usurpado el shogunato con la ayuda de Kaido y de los Piratas de las Bestias.

Oden marchó contra Orochi dispuesto a matarlo, pero se topó con la bruja Higurashi, una anciana del clan Kurozumi usuaria de la Mane Mane no Mi, que se transformó en Momonosuke para detenerlo. El samurái dudó un instante y aquella duda le costó la oportunidad de acabar con el usurpador. A partir de ahí, Orochi le ofreció un pacto perverso: si Oden se humillaba bailando desnudo por las calles de la capital una vez a la semana durante cinco años, él y Kaido abandonarían Wano y perdonarían las vidas de los rehenes que tenían en su poder.

La humillación y la mentira

Oden aceptó. Durante cinco años recorrió la Ciudad de las Flores danzando semidesnudo ante el pueblo que lo había adorado, entre burlas, insultos y el desprecio de quienes no conocían el motivo real de su sacrificio. Cada semana entregaba su orgullo y cada semana creía estar salvando a los suyos; su familia y sus vasallos, que ignoraban el pacto, sufrieron aquella humillación como una traición.

Cuando por fin descubrió que Orochi y Kaido nunca habían tenido intención de cumplir su palabra y que en aquel tiempo el enemigo había ido matando y encarcelando a sus partidarios, Oden comprendió que había regalado cinco años de su vida a cambio de nada. Reunió entonces a los Nueve Vainas Rojas, tomó sus dos espadas y marchó con ellos a enfrentarse al emperador en la batalla que decidiría el destino de Wano.

La ejecución en la olla de aceite

El combate fue brutal. Oden y sus hombres se abrieron paso hasta Kaido, y en el duelo entre ambos el samurái estuvo a punto de matar al emperador: con Enma le abrió una herida profunda en el costado que Kaido conservaría veinte años. La victoria se le escapó por la misma trampa de siempre: la bruja Higurashi volvió a tomar la apariencia de Momonosuke y Oden se detuvo para no herir a su hijo. Kaido aprovechó el instante para derribarlo.

Capturado junto a sus vasallos, Oden fue condenado a morir cocido en aceite hirviendo. Antes de entrar en la olla negoció una última condición: si resistía una hora entera con los suyos en brazos, Kaido perdonaría a los supervivientes. Oden aguantó una hora completa sumergido hasta los muslos en aceite a fuego vivo, sosteniendo por encima de la superficie el tablón con sus nueve hombres, con una entereza que impresionó incluso a sus verdugos.

Cuando el tiempo se agotó, Kaido le ofreció una salida: si admitía su derrota y aceptaba servirle, le perdonaría la vida. Oden se negó, arrojó sus espadas a sus vasallos y arengó a su pueblo, advirtiéndole de que la verdadera guerra llegaría, antes de morir de un disparo en la cabeza. Su última voluntad fue que Wano se abriera al mundo cuando apareciera el hombre destinado a derribar a Kaido, y que sus hijos heredaran su nombre y su voluntad.

Legado

La muerte de Oden dejó Wano en manos de Orochi y Kaido durante veinte años, pero también sembró todo lo que acabaría destruyéndolos. Sus vasallos, los Nueve Vainas Rojas, sobrevivieron, y algunos viajaron veinte años al futuro gracias a la Toki Toki no Mi de Toki para preparar la rebelión que su señor no pudo completar.

Su hijo Momonosuke se convirtió en shogun y en símbolo de la liberación; su hija Hiyori sobrevivió oculta y conservó Enma hasta entregársela a Zoro; y sus dos espadas pasaron a manos de una nueva generación de espadachines. La herida que dejó en Kaido siguió abierta hasta la batalla de Onigashima, y su profecía se cumplió en la figura de Monkey D. Luffy. Oden murió convencido de que el futuro le daría la razón, y el futuro se la dio.

Curiosidades y SBS

  • Medía 382 centímetros de altura y murió a los 39 años, tras cinco años de humillación pública bailando desnudo en la capital.
  • Su nombre, Oden, coincide con el del plato invernal japonés más famoso, un guiño gastronómico habitual en la obra.
  • Fue el único hombre capaz de herir de gravedad a Kaido durante veinte años, con una cicatriz que solo Zoro volvería a abrir en Onigashima.
  • Sus dos espadas, Enma y Ame no Habakiri, son de grado excepcional y fueron forjadas por el herrero de Wano Shimotsuki Kozaburo, al que también se atribuye la Wado Ichimonji de Zoro.
  • Enma absorbe el Haki de su portador, lo que la convierte en una de las armas más peligrosas y difíciles de dominar de toda la serie.
  • Escribió, en nombre de Gol D. Roger, el mensaje que el rey de los piratas dejó grabado en un Poneglyph.
  • Viajó con Whitebeard y después con Roger, y fue uno de los pocos seres vivos que llegó a Laugh Tale y conoció la verdad del Siglo Vacío.
  • Aguantó una hora entera en aceite hirviendo sosteniendo a sus nueve vasallos por encima de la superficie, la mayor muestra de resistencia física y moral de la serie.
  • Su mujer, Kozuki Toki, había nacido en el Siglo Vacío y viajó al futuro con la Toki Toki no Mi, que solo permite avanzar en el tiempo.
  • Su hijo Momonosuke viajó veinte años al futuro y se convirtió en shogun; su hija Hiyori sobrevivió como la cortesana Komurasaki.
  • El flashback de su vida, narrado en los capítulos finales de la saga de Wano, está considerado uno de los mejores arcos autoconclusivos del manga.
  • Su figura inspira a los Nueve Vainas Rojas, cuyo lema y cuya lealtad se definen por la promesa hecha a Oden antes de su muerte.

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